ROL
DEL HOMBRE DURANTE EL EMBARAZO
Es
importante rescatar al hombre
¿autorrelegado o relegado por
la mujer en este proceso? Cabe
cuestionarnos: ¿Qué papel tienen
en esto, los profesionales e instituciones
de salud? ¿Internamente hemos
acompañado los cambios sociales
en lo que refiere a roles y funciones
de hombres y mujeres?
Es
tiempo de cuestionarnos estas
cosas, porque el embarazo no le
atañe solamente a la mujer, deberían
verse más hombres en los controles,
en las clases para parto, en las
salas de parto, caminando con
la madre, hablándole al bebé en
la panza...¿Cuántos libros puede
encontrar el padre, que hable
de lo que le sucede a los hombres
durante este período? Porque sin
duda a él también le pasan cosas.
Las más de las veces, lo preponderante
es sentirse "por fuera", permanecer
indiferente o esperar con ansiedad
el nacimiento para poder tenerlo
"él también". Es difícil para
el hombre integrarse, e ir haciendo
ese proceso que hablábamos de
preparación, de ir conociendo
y dándose a conocer al bebé. Sin
embargo, cuando nace, el bebé
es capaz de reconocer la voz del
padre que ha estado y le ha hablado.
Gestar
un hijo es un proyecto de pareja,
de alegrías y confusiones compartidas,
así como de encuentros y desencuentros,
porque toda situación que supone
cambios, conlleva una crisis en
mayor o menor medida. La pareja
tiene por delante la tarea de
integrar y adaptarse al nuevo
miembro, encontrando un nuevo
equilibrio, y esto lleva su tiempo.
Progresivamente le van dando un
lugar ese bebé, un lugar no sólo
físico, planeando y decorando
su cuarto, sino también un lugar
psicológico, transmitiéndole el
amor y deseo por su llegada, narcisizándolo.
Estos
son momentos de gran potencialidad;
la experiencia de ser padres,
supone un movimiento hacia adelante,
una evolución de la pareja que
lleva implícito un compromiso
de crear algo juntos y de confianza
en el futuro.
Como
esté la relación de pareja es
importante, porque la capacidad
de amarse y entregarse, de compenetrarse,
les brindará el sostén que ambos
necesitan en estos momentos de
cambios. No obstante, es posible
que surjan conflictos y desencuentros,
es esperable que esto suceda.
¿Qué madre y que padre, que pareja,
no ha pasado por "esos" momentos
de confusión, de preocupación,
de angustia por sentirse inseguros.
Un hijo, también implica renuncias
y postergaciones, que a veces
nos generan frustraciones y emociones
encontradas. Ayuda, que la pareja
encuentre un espacio, donde compartir
abiertamente las emociones que
puedan estar obstaculizando el
buen relacionamiento, porque cuando
una emoción no se expresa, permanece
rondando en nosotros y se va haciendo
más fuerte, adquiere más poder.
Lo que no se expresa produce un
efecto acumulativo, distorsionando
la relación.
Nos
enfrentamos con dificultades reales,
"ser padres" no es algo que aprendamos
de adultos, no existen cursos
que nos enseñen como es. Nuestra
capacidad de ser padres, y de
como entendemos estos procesos,
se ha desarrollado a través del
vínculo que hemos tenido con nuestros
propios padres, lo que supone
que esta teñida de los aciertos
y dificultades que ellos tuvieron
como padres y que nosotros vivimos
como hijos. Repetimos muchas veces
sin ser concientes, formas que
reproducen la infelicidad y el
desamor. Por otro lado, es un
hecho irrebatible que la relación
padres-hijos incide muchísimo
en el desarrollo físico, emocional
e intelectual del niño Es necesario
que tomemos conciencia de ello
y busquemos nuevas formas de criar
a nuestros hijos. Creemos que
el desafío es cambiar el foco
de atención centrado en el niño,
hacia los padres y los procesos
que vivimos, las dificultades
que enfrentamos.
Rescatar
nuestro mundo emocional, nos permite
tomar contacto con nuestras necesidades
y carencias, así como con nuestra
capacidad de "dar" y contener,
entrando en sintonía con esa personita
que depende completamente de nosotros
para sobrevivir y desarrollarse.
Si pudiéramos proteger y promover
un desarrollo sano en nuestros
hijos, en lugar de centrarnos
en tratar de curar la enfermedad
cuando está ya establecida...las
cosas serían diferentes.
Por
Carolina Rodriguez y Ana Mattos
- ARIPI |